México y la vacunación: Una breve historia ante el desafío de hoy.

Por Ricardo Méndez Hernández

La historia de la relación del ser humano con la naturaleza es sin duda una historia llena de complejidades, retos, contradicciones y sobre todo de una incesante lucha por sobrevivir. Si hablamos de enfermedades la cosa es más intensa y crucial pues las epidemias han sido parte inherente de la historia desde que se tienen registros del ser humano; las grandes hecatombes humanas como la peste negra que asoló a Europa en el siglo XIV y regresó de manera intermitente los siglos posteriores es solo una prueba más de esa lucha.  Sin embargo, desde tiempos ancestrales, quizá más limitados que ahora, los pueblos han buscado formas de evitar, controlar o exterminar estos males, por ejemplo, se tienen registros que, desde hace 3000 años en China, para controlar la viruela se inoculaban la piel de pacientes sanos con las costras o el líquido de las póstulas de pacientes enfermos para producir una enfermedad de menos intensidad y poco mortal, esta práctica recorrería Asia, el islam y llegaría a Europa. La consolidación de las monarquías absolutas en toda Europa, con la concentración del poder estatal y la creación de instituciones centrales dieron impulso a la ciencia alejándose de los dogmas religiosos. Será a finales del siglo XVIII cuando el médico rural inglés Edward Jenner a partir de investigaciones previas se aventurará a inocular a un niño, hijo de su jardinero, con linfa de una mujer que fue infectada con viruela de las vacas, lo que dio como resultado la creación de la vacuna moderna contra la viruela. Este hito será el inicio de un camino largo en la búsqueda del control y erradicación de infecciones y virus, camino que no ha sido fácil pero que ha creado grandes descubrimientos, avances y esperanzas.

En México las epidemias devastaron de manera brutal a la sociedad. con la llegada de los conquistadores europeos y esclavos africanos llegaron a América innumerables enfermedades nuevas que asolaron y mermaron a la sociedad indígena de forma importante, de 26 millones de indígenas aproximadamente que vivían en Mesoamérica a principios del siglo XVI a tan solo 6 millones para inicios del siglo XIX. “Las extensas epidemias de viruela, sarampión, influenza, y otros padecimientos que afligieron por siglos a los pobladores indígenas de nuestro país fueron siempre de gran preocupación” (Hurtado & Matías, 2005, p. 48) y es que desde 1521 con la llegada de la viruela que afectó a los Mexicas, epidemia que llamaron “Hueyzahuatl”, y que les costaría la derrota frente a sus enemigos sería solo el principio de una serie de epidemias, como la de Sarampión en 1531 llamada “tepitonzahuatl”, en 1545 apareció el “Cocotzintl”  que se piensa que fue un tipo de influenza o disentería, poco después en 1565 apareció otra epidemia que causó la muerte de otros miles, terminando el siglo a mediados de 1595 aparecieron 3 epidemias diferentes entre ellas la del sarampión que causaron menos muertes que las anteriores. Todas estas enfermedades aparecerían en diferentes épocas durante el periodo conocido como la colonia, su impacto y consecuencias no ha sido estudiado de manera suficiente aún ya que devastaron comunidades, desaparecieron pueblos enteros.

Será hacia finales de la Nueva España, cuando los avances de Jenner ya habían tenido una influencia notable en las sociedades científicas Europeas cuando el Rey Carlo IV impulsó una expedición filantrópica para aplicar una vacunación contra la viruela en los territorios Americanos y de Asia de su imperio; así fue como se le encomendó a Francisco Xavier de Balmis esta tarea, quien partió de España con 22 niños expuestos para hacer paradas en Puerto Rico, Venezuela hasta llegar a Mérida Yucatán en 1804 y comenzar con la vacunación de brazo con brazo, esta misma técnica ya se había utilizado en México y Cuba unos años antes, manipulando linfa de dos sirvientas mulatas, siendo promovido por el ayuntamiento del puerto de Veracruz, así Balmis recorrió parte importante del territorio Novohispano con lo que sería la primera campaña de vacunación moderna en el territorio que hoy llamamos México pues cuando Balmis llegó a la capital en el templo de San Miguel se formó el primer centro de vacunación de la historia mexicana.  A partir de ese momento en todos los lugares a los que llegó Balmis se formó un centro de vacunación que sería importante en el combate de la viruela, muchos años después en el año de 1868 Ángel Gaviño trajo de Francia el virus de la vaccinia que pudo ser utilizado para fabricar la vacuna más eficiente.

Los nuevos aires de modernidad que se implantaron durante el Porfiriato, la centralización del poder, la construcción de instituciones más eficientes y la relativa paz que se vivieron en México a finales del siglo XIX permitió que se dieran avances enormes en el campo de la vacunación. No podría ser de otro modo, el siglo XIX vio nacer a la ciencia moderna que con el método científico permeaba todas las disciplinas, la higiene se convertía en una prioridad en los países que se hacían llamar modernos y la medicina era prioritaria para el combate de la mortalidad que tanto daño había causado en el país. La gripe rusa causó estragos en todo el país, la rabia era un mal que afectaba la sociedad en general lo que llevó a que el 23 de abril de 1886 el doctor Eduardo Liceaga lograra vacunar por primera vez a un niño con el virus que había sido traído en el cerebro de un conejo infectado, donado por el instituto Pasteur, esto permitiría que se produjeran las vacunas contra esta enfermedad y se comenzara el largo camino a su erradicación. Este impulso científico sería también cristalizado en la fundación del Instituto Bacteriológico Nacional.

Es en el siglo XX y después de la Revolución en el que las nuevas instituciones se concentraran en la producción y aplicación de vacunas para erradicar enfermedades. El presidente Plutarco Elías Calles, por ejemplo, decreta por primera vez en 1924 la obligatoriedad de la aplicación de la vacuna contra la viruela, que era todavía la quinta causa de muerte, y se crean campañas masivas para vacunar a todos, esto sin duda causó revuelo y conflictos con comunidades que no confiaban en la ciencia médica ni en el intervencionismo del estado. Aun así, la creación del Instituto de Higiene o el de enfermedades tropicales en 1939 incentivó la investigación y la producción de vacunas para la población. El estado de bienestar parecía ser una realidad, al menos en el campo de la vacunación, “En 1960, inició sus actividades el Instituto Nacional de Virología, que se convirtió en Centro Regional de Referencia para Vacunas, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), debido a la capacidad técnica y a la calidad de las vacunas producidas.”(Santos, 2014, p. 184) todos estos avances llevaron a que México lograra para 1990 ser el primer país en Latinoamérica y uno de los siete del mundo en tener una autosuficiencia en producción del Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI).

La campaña de vacunación que se inició en 1973 será parteaguas para cubrir a toda la población del país y llevar al Programa Nacional de Vacunación universal, uno de los más completos del mundo.  La introducción del Programa de Vacunación Universal, en 1991, ha logrado casi todas las metas, incluidos la erradicación de poliomielitis, difteria, sarampión y tétanos neonatal, y el control de tos ferina y de las formas graves de tuberculosis. Las subsecuentes crisis económicas, el modelo económico que ha privilegiado la ganancia y el lucro llegó al sector salud mexicano que ha sido capturado por grupos caciquiles que se encargaron de desmantelar las instituciones de salud pública del país, hoy que se enfrenta una crisis sanitaria las desigualdades golpean duramente a México, años de abandono al sector pasan factura hoy en día. La pandemia de COVID nos ha demostrado que la ciencia debe estar al servicio de la sociedad, que la salud debe ser universal y pública y que las vacunas deben ser universales. La luz al final del túnel no solo es la vacuna, que no debemos vacilar en recibirla, sino la solidaridad comunitaria, el apoyo a los demás y la convicción de que nuestra historia nos enseñará a no cometer los errores del pasado, en cuestión de vacunación México siempre fue parteaguas no lo olvidemos.

Referencias:

Claudia Hurtado & Norma Matías. (2006). “La Historia de la vacunación en México”. Vacunación Hoy, Revista Mexicana de Puericultura y Pediatría, 74 (13), 47-52.

 José Ignacio Santos. (2014). «La vacunación en México en el marco de las décadas de las vacunas: logros y desafíos». Gaceta Medica de México, 150(2), 180–188. Retrieved from https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumen.cgi?IDARTICULO=49351

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