LA DEBACLE DE GABRIEL BORIC

K. De Ita Carranza

Gabriel Boric Font, forjado en luchas estudiantiles de 2011, se presenta ante la historia como la revelación política de la juventud chilena, aspirando a la conquista presidencial del país austral, con apenas 35 años. Siendo ante esta especial particularidad, el candidato más joven que ha visto Chile en su vida como democracia.

Los claroscuros de Boric son los los mismos que acongojan la conglomeración de fenómenos históricos, políticos y sociales, sometidos a una vertiente popular.

Gabriel Boric asienta su apoyo político en cimientos de metal, que en algunas ocasiones son de acero, otras veces, son de mercurio. No podemos asegurar, entonces, que la simpatía o el apoyo sea total a su figura, su programa o su proyecto, sino en un esfuerzo plural en contra de posibilidad de que la parodia de Pinochet secuestre La Moneda.

Boric recuerda la parábola hindú de Los ciegos y el elefante. La ciudadanía chilena emite un susurro común: “Hay que inspeccionarlo y conocerlo al tacto, de lo que somos capaces”. Gabriel Boric es, dependiendo a quien le preguntes, un comunista, un socialdemócrata, un progresista, un reformista, un oportunista, un accidente político. Así pues, sus adversarios lo asumieron como un agente de la extrema izquierda y, mediante la capitalización del terror, los prejuicios y la desinformación, le arrebataron posibles votantes. Lo cierto es que ante su multivalencia, en cuanto consigue conquistar autentica simpatía de un sector, la pierde del otro.  El entusiasmo que baña a sus propuestas es más bien efímero y fugaz.

El sentimentalismo no basto, la memoria histórica no fue suficiente y la cruda realidad material no terminó de convencer. Naturalmente su equipo realizo en momento justo los ajustes necesarios al programa inicial, generando discordia entre el candidato y los miembros asesores, principalmente en la materia de proyecto de retiro de fondos de pensiones y en general, en el tenor del plan económico. Boric muere en los números y la estadística, y con ello la incertidumbre de un país castigado con la desigualdad y presión económica se aleja de sus postulados.

Finalmente, Gabriel Boric, ya sea por juventud o por alguna serie de vicios en su psique publica, esta mortalmente alejado de la clase trabajadora de la que presume ser representante.

La conquista más grande del sector popular es, hoy día, la derogación de la constitución pinochetista y la conquista mayoritaria de la constituyente; no obstante, en términos jurídicos, la asamblea parece estar sumida en la incertidumbre. No son pocos los chilenos que anuncian sobre este logro el fracaso, pues, siendo objetivos y desde la distancia, la constituyente esta tremendamente distanciada de las necesidades reales del pueblo y los sectores homogéneamente vulnerados.

La economía debe ser prioridad para conseguir materializar las quimeras progresistas e incluyentes, así como las irrechazables necesidades sociales.  Un chileno económicamente vulnerable podrá  o no estar de acuerdo con la perspectiva de género, con la despenalización del aborto, con la integración de la identidad sexual, con los derechos de los animales o concepciones ecologistas, pero ante todo, como ser humano, es susceptible al hambre, a la enfermedad y la incertidumbre.

A consecuencia, Kast ha surgido, a los ojos del centro, como una alternativa auténticamente preocupada y comprometida por la situación económica del pueblo de Chile.

En su momento, Allende señalo la necesidad de la independencia económica de Chile. Hoy en día, no es menos importante la independencia económica de los chilenos.

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